![]() |
|
ALGUNOS DE MIS CUENTOS
PUBLICADOS Y PREMIADOS
|
![]() |
|||||||||
![]() |
![]() |
|
Mi
Gacetilla |
REPORTAJES:
FM 94.7 RADIO PALERMO
AM 1480 - SENSACIONES
AM 1520 - METROPOLITANA
Mención
en el programa : "A vivir"
de Florencia Ibañez - AM 590 -Radio Continental
EL
TREN DEL ENSUEÑO
Una mañana gris de otoño, Roberto subió al tren con la
ilusión de descansar unos días en Valle Seco, el pueblito de
su infancia; llevaba un pequeño bolso y muchos deseos de liberarse
de sus angustias. Se sentó del lado de la ventanilla para poder apreciar
el paisaje y disfrutar desde el principio del verdor de las praderas. Ni bien
se inició la marcha de la formación, con el movimiento lento
primero y rápido después, se quedó dormido profundamente.
Los golpes en el hombro lo sobresaltaron, desperezándose, acomodándose
la ropa y el cabello, miró sorprendido al hombre que estaba de pie
a su lado:
- Sí, ¿qué necesita?
- El boleto señor para controlarlo y picarlo, contestó el guarda.
- Ah! Disculpe, me asusté, acá lo tiene.
- Pero señor este no es el boleto, es un pase al país de las
hadas.
- ¿Cómo dice?
- Lo que escuchó: el país de las hadas.
- No entiendo, murmuró Roberto, si en la ventanilla estaba el nombre
de mi pueblo y así se lo indiqué al boletero.
- ¿Qué número tenía esa ventanilla?
- Más que un número parecía un signo, era como un arco
cortado ? pero pensé que le faltaba una parte para convertirse en el
ocho.
- Bueno, ha sido un error, pero no se preocupe, estamos llegando conocerá
algo distinto.
En ese instante el tren se detuvo, descendió Roberto, pero fue tal
el resplandor que
le obligó a cerrar los ojos; después de unos minutos empezó
a abrirlos lentamente.... un lugar de ensueño, un ambiente de gran
belleza, sin embargo, la sensación fue de lejanía. Contempló
extasiado el paisaje: un bosque espeso, un lago que todo lo reflejaba, flores
multicolores, que parecían pintadas, se esparcían de derecha
a izquierda. De cada una de ellas surgieron seres fantásticos con contorno
de mujer, etéreas y humanas a la vez, moviendo con donaire y elegancia
sus transparentes vestidos. Sujetaban en sus manos una varilla de marfil con
un signo en forma de semi arco y tenían en sus cabezas un gorro redondo
terminado en punta del que colgaban hilos de perlas blancas. Con gestos dulces
y palabras cantarinas lo atrajeron y lo llevaron por entre los tupidos árboles,
le hablaron de ese maravilloso país y le aseguraron que por ser un
elegido le concederán la felicidad, la riqueza y la salud, con la firme
promesa de no divulgarlo.
De los labios de Roberto partió esa promesa, casi sin darse cuenta,
y, en el mismo instante aparecieron otras hadas pero que tenían perlas
negras en su bonete, jurándole que ellas, con sus poderes maléficos,
estaban para negarle todas las buenaventuras que le habían prometido
sus hermanas de fantasía; entonces, ante la imposibilidad de soportar
tantas cosas extrañas, cayó desmayado.
-
Señor, señor!! (otra vez el guarda).
- ¡Por favor, por favor!, sáqueme de aquí, pidió
Roberto.
- Pero señor, usted debe bajar por sus propios medios, ya llegamos
a Valle Seco, yo no puedo abandonar el tren hasta que esté totalmente
vacío.
- Pero....¿Cómo? ¿No descendimos en país de las
hadas?
- No señor, seguramente ha sido un sueño porque usted durmió
profundamente todo el viaje; tome su bolso y baje con cuidado.
Resignado, confundido todavía, hizo lo que decía el guarda:
levantó su bolso, lo calzó en su hombro y al inclinarse para
comenzar el descenso, del interior del mismo cayeron dos perlas blancas y
una negra.
AUN EN OTRA VIDA…
El espectáculo que tanto había costado insertar en el mundo
del dos por cuatro luego de ardua lucha entre “guapos y niños
bien”, se estrenaba en una hermosa casona de Avenida Figueroa Alcorta
y Avenida Sarmiento. Se dio a conocer la noticia que al reciclarla para la
reforma se encontraron restos del mítico “Café de Hansen”,
local bailable donde naciera el tango. Contaba la leyenda que subyacían
allí las almas errantes de significativos cultores de esta música,
tanto intérpretes como bailarines; también la de los malevos
que con poncho y cuchillo, fueran protagonistas de tragedias documentadas
en crónicas policiales. Todas vagando con profunda aflicción
en busca de consuelo, descanso o venganza.
Decidí ir al estreno. Inquieto por la impresión que me produjo
esa creencia, al llegar hice un paneo general para constatar que nada extraño
se ocultaba entre la gran cantidad de gente que circulaba por el atrio y calmar
así la molesta sensación de temor que me había invadido.
Resuelto, apagué el cigarrillo y franqueé la puerta espejada
que reflejó mi figura cuidada; el cabello achatado al estilo “gomina
Brancato”, el lengue de seda ajustado al cuello. Encontré lujo
y distinción en ese salón con paredes empapeladas, techo abovedado,
mesas de buena madera, sillas tapizadas y espléndidos apliques de bronce.
Ya sonaban los primeros acordes de “El Choclo”. Mientras tintineaban
las copas en un brindis virtual, varias parejas “caminaban” los
primeros pasos dibujando ochos.
Me tranquilicé y acercándome a la barra disfruté de un
trago: una medida doble de ginebra; áspera, fuerte; la tomé
de una sola vez; invadió mi cuerpo el calor del alcohol.
Ahora la orquesta sonaba a pleno interpretando “Malena”. Percibí
a la distancia la atracción que provoca la danza - mal llamada en algún
momento copla vulgar – y el instinto sexual que despierta. Con orgullo
salí al ruedo para hacer gala de mis dotes de bailarín. A cada
paso mío el público se apartaba para dar lugar a la atractiva
silueta que avanzaba con delicados movimientos hacia mí. Reconocí
toda la excelencia de esa belleza morena; evoqué su forma de bailar
tan marcadamente sensual distinta a la de otras mujeres (virtudes heredadas
de su madre). Un vestido negro carente de breteles ajustado elásticamente
debajo de las axilas combinado con una estola de seda terminada con flecos
y madroños realzaban aún más sus hombros.
El encuentro fue mágico, se unieron nuestros cuerpos sintiendo la nostalgia
del tiempo transcurrido sin vernos. La ceñí por el talle, nos
miramos a los ojos, temblaron embriagados nuestros sentidos con el hondo contenido
de “Pasional (…) ardiente y pasional temblando de ansiedad quiero
en tus brazos morir (…)”. Vino a mi memoria aquella noche en la
que los dos colocábamos con esmero las piezas numeradas que coincidían
entre sí formando originales trayectorias. Luego las finas y delicadas
manos de ella “arrancando” al teclado los sones de “Desde
el alma” me habían hecho entrar en un estado de ensoñación
y excitación…Ya sin pudor nos fundimos frente a la chimenea donde
la leña crepitaba como música de fondo.
“Creí que habías muerto después de…”
Colocó su dedo en mi boca y muy quedamente respondió: “no
digas nada. Estoy aquí otra vez entre tus brazos”. La estreché
más fuerte, sintiendo enloquecer mi corazón y mi sexo. Nos dijimos
al oído sin perder el compás, secretos no confesados en su momento:
ideales, desaciertos, experiencias, pecados.
Bailamos por horas sin sentir cansancio ni el paso del tiempo. De pronto en
un “voleo” se escabulló de entre mis brazos, desapareció.
La busqué por todo el salón; el calor de sus manos perduraba
en las mías con un dejo aromático a flores silvestres. La voz
de Gardel resonaba… “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando…”
Apuré el paso hacia la salida. La luna en el cenit me marcó
el camino: Avenida Figueroa Alcorta, Plaza Francia, Quintana, oí el
canto monocorde de un búho, transpuse las rejas. Una multitud de figuras
vinculadas a la música ciudadana se balanceaban entre flecos y madroños
con mirada burlona…
Inicié el inquietante viaje al reino de las sombras.
