María Elena Disandro


Miembro SADE 7080

 

ALGUNOS DE MIS CUENTOS

PUBLICADOS Y PREMIADOS

 

MÁGICOS LATIDOS
LANDA
MONÓLOGO INTERIOR
EL NOMBRE CON QUE TE NOMBRO
A TI AMOR IMPOSIBLE
¡QUÉ IRONÍA!
MARÍA DE TODOS

 

 

 

Mi Gacetilla

 

 

 

REPORTAJES:

FM 94.7 RADIO PALERMO

AM 1480 - SENSACIONES

AM 1520 - METROPOLITANA

Mención en el programa : "A vivir"
de Florencia Ibañez - AM 590 -Radio Continental

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL TREN DEL ENSUEÑO

Una mañana gris de otoño, Roberto subió al tren con la ilusión de descansar unos días en Valle Seco, el pueblito de su infancia; llevaba un pequeño bolso y muchos deseos de liberarse de sus angustias. Se sentó del lado de la ventanilla para poder apreciar el paisaje y disfrutar desde el principio del verdor de las praderas. Ni bien se inició la marcha de la formación, con el movimiento lento primero y rápido después, se quedó dormido profundamente.

Los golpes en el hombro lo sobresaltaron, desperezándose, acomodándose la ropa y el cabello, miró sorprendido al hombre que estaba de pie a su lado:
- Sí, ¿qué necesita?
- El boleto señor para controlarlo y picarlo, contestó el guarda.
- Ah! Disculpe, me asusté, acá lo tiene.
- Pero señor este no es el boleto, es un pase al país de las hadas.
- ¿Cómo dice?
- Lo que escuchó: el país de las hadas.
- No entiendo, murmuró Roberto, si en la ventanilla estaba el nombre de mi pueblo y así se lo indiqué al boletero.
- ¿Qué número tenía esa ventanilla?
- Más que un número parecía un signo, era como un arco cortado ? pero pensé que le faltaba una parte para convertirse en el ocho.
- Bueno, ha sido un error, pero no se preocupe, estamos llegando conocerá algo distinto.
En ese instante el tren se detuvo, descendió Roberto, pero fue tal el resplandor que
le obligó a cerrar los ojos; después de unos minutos empezó a abrirlos lentamente.... un lugar de ensueño, un ambiente de gran belleza, sin embargo, la sensación fue de lejanía. Contempló extasiado el paisaje: un bosque espeso, un lago que todo lo reflejaba, flores multicolores, que parecían pintadas, se esparcían de derecha a izquierda. De cada una de ellas surgieron seres fantásticos con contorno de mujer, etéreas y humanas a la vez, moviendo con donaire y elegancia sus transparentes vestidos. Sujetaban en sus manos una varilla de marfil con un signo en forma de semi arco y tenían en sus cabezas un gorro redondo terminado en punta del que colgaban hilos de perlas blancas. Con gestos dulces y palabras cantarinas lo atrajeron y lo llevaron por entre los tupidos árboles, le hablaron de ese maravilloso país y le aseguraron que por ser un elegido le concederán la felicidad, la riqueza y la salud, con la firme promesa de no divulgarlo.
De los labios de Roberto partió esa promesa, casi sin darse cuenta, y, en el mismo instante aparecieron otras hadas pero que tenían perlas negras en su bonete, jurándole que ellas, con sus poderes maléficos, estaban para negarle todas las buenaventuras que le habían prometido sus hermanas de fantasía; entonces, ante la imposibilidad de soportar tantas cosas extrañas, cayó desmayado.

- Señor, señor!! (otra vez el guarda).
- ¡Por favor, por favor!, sáqueme de aquí, pidió Roberto.
- Pero señor, usted debe bajar por sus propios medios, ya llegamos a Valle Seco, yo no puedo abandonar el tren hasta que esté totalmente vacío.
- Pero....¿Cómo? ¿No descendimos en país de las hadas?
- No señor, seguramente ha sido un sueño porque usted durmió profundamente todo el viaje; tome su bolso y baje con cuidado.
Resignado, confundido todavía, hizo lo que decía el guarda: levantó su bolso, lo calzó en su hombro y al inclinarse para comenzar el descenso, del interior del mismo cayeron dos perlas blancas y una negra.

 

 

 

 

AUN EN OTRA VIDA…


El espectáculo que tanto había costado insertar en el mundo del dos por cuatro luego de ardua lucha entre “guapos y niños bien”, se estrenaba en una hermosa casona de Avenida Figueroa Alcorta y Avenida Sarmiento. Se dio a conocer la noticia que al reciclarla para la reforma se encontraron restos del mítico “Café de Hansen”, local bailable donde naciera el tango. Contaba la leyenda que subyacían allí las almas errantes de significativos cultores de esta música, tanto intérpretes como bailarines; también la de los malevos que con poncho y cuchillo, fueran protagonistas de tragedias documentadas en crónicas policiales. Todas vagando con profunda aflicción en busca de consuelo, descanso o venganza.
Decidí ir al estreno. Inquieto por la impresión que me produjo esa creencia, al llegar hice un paneo general para constatar que nada extraño se ocultaba entre la gran cantidad de gente que circulaba por el atrio y calmar así la molesta sensación de temor que me había invadido. Resuelto, apagué el cigarrillo y franqueé la puerta espejada que reflejó mi figura cuidada; el cabello achatado al estilo “gomina Brancato”, el lengue de seda ajustado al cuello. Encontré lujo y distinción en ese salón con paredes empapeladas, techo abovedado, mesas de buena madera, sillas tapizadas y espléndidos apliques de bronce. Ya sonaban los primeros acordes de “El Choclo”. Mientras tintineaban las copas en un brindis virtual, varias parejas “caminaban” los primeros pasos dibujando ochos.
Me tranquilicé y acercándome a la barra disfruté de un trago: una medida doble de ginebra; áspera, fuerte; la tomé de una sola vez; invadió mi cuerpo el calor del alcohol.
Ahora la orquesta sonaba a pleno interpretando “Malena”. Percibí a la distancia la atracción que provoca la danza - mal llamada en algún momento copla vulgar – y el instinto sexual que despierta. Con orgullo salí al ruedo para hacer gala de mis dotes de bailarín. A cada paso mío el público se apartaba para dar lugar a la atractiva silueta que avanzaba con delicados movimientos hacia mí. Reconocí toda la excelencia de esa belleza morena; evoqué su forma de bailar tan marcadamente sensual distinta a la de otras mujeres (virtudes heredadas de su madre). Un vestido negro carente de breteles ajustado elásticamente debajo de las axilas combinado con una estola de seda terminada con flecos y madroños realzaban aún más sus hombros.
El encuentro fue mágico, se unieron nuestros cuerpos sintiendo la nostalgia del tiempo transcurrido sin vernos. La ceñí por el talle, nos miramos a los ojos, temblaron embriagados nuestros sentidos con el hondo contenido de “Pasional (…) ardiente y pasional temblando de ansiedad quiero en tus brazos morir (…)”. Vino a mi memoria aquella noche en la que los dos colocábamos con esmero las piezas numeradas que coincidían entre sí formando originales trayectorias. Luego las finas y delicadas manos de ella “arrancando” al teclado los sones de “Desde el alma” me habían hecho entrar en un estado de ensoñación y excitación…Ya sin pudor nos fundimos frente a la chimenea donde la leña crepitaba como música de fondo.
“Creí que habías muerto después de…” Colocó su dedo en mi boca y muy quedamente respondió: “no digas nada. Estoy aquí otra vez entre tus brazos”. La estreché más fuerte, sintiendo enloquecer mi corazón y mi sexo. Nos dijimos al oído sin perder el compás, secretos no confesados en su momento: ideales, desaciertos, experiencias, pecados.
Bailamos por horas sin sentir cansancio ni el paso del tiempo. De pronto en un “voleo” se escabulló de entre mis brazos, desapareció. La busqué por todo el salón; el calor de sus manos perduraba en las mías con un dejo aromático a flores silvestres. La voz de Gardel resonaba… “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando…” Apuré el paso hacia la salida. La luna en el cenit me marcó el camino: Avenida Figueroa Alcorta, Plaza Francia, Quintana, oí el canto monocorde de un búho, transpuse las rejas. Una multitud de figuras vinculadas a la música ciudadana se balanceaban entre flecos y madroños con mirada burlona…
Inicié el inquietante viaje al reino de las sombras.




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